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jueves, 26 de enero de 2012

LA PLANCHA

        ESTO ES UN HOMENAJE
               A MI PLANCHA................
               A TODAS LAS PLANCHAS

arish

Como podéis ver acabo de planchar el pantalón que le he hecho a mi hija para la chaqueta chanel que ya os enseñé y al apoyar la plancha para que se enfríe, la he estado contemplando un momento y  le he dado las gracias, sí, sí, las gracias, en ése momento me ha venido a la mente un refrán que oí hace mucho tiempo: "LA PLANCHA NO ES SANTA LUCIA PERO A VECES HACE MILAGROS" y que gran verdad.



Que comodidad, le pones agua, la enchufas y como los coches a disfrutar de sus prestaciones.
 No nos damos cuenta, pero las planchas actuales son unas buenas aliadas para todas nuestras costuras y labores.

arish


Esta es mi plancha, para mí es imprescindible.
                                                                       
arish


Esta otra plancha es una réplica de aquéllas que se llenaban con brasas, la compré en una tienda de artesanía en un  viaje a  Santillana del Mar.



Y dicho , lo dicho que ésta referencia a mi queridísima plancha sirva como homenaje.
Buscando, buscando en internet ésta es la información que he encontrado con respecto a la plancha, os la pongo por si os interesa.

LA PLANCHA DE ROPA   (siglo IV a.C., Grecia)

Las ropas libres de arrugas han sido un símbolo de refinamiento, pulcritud y categoría social durante 2.400 años como mínimo, si bien nunca fue fácil conseguir el efecto deseado. Todas las planchas primitivas empleaban la presión. Sólo algunas utilizaban el calor para eliminar arrugas o formar pliegues en las prendas recién lavadas.

En el siglo IV a.C., los griegos usaban una barra de hierro cilíndrica calentada, similar a un rodillo de amasar, que se pasaba sobre las ropas de lino para marcar los pliegues. Dos siglos más tarde, los romanos ya planchaban y plisaban con un mazo plano, metálico, que literalmente martilleaba las arrugas. Con estos dispositivos, el planchado era algo más que una tarea prolongada y tediosa. Era un trabajo de esclavos que hacían los esclavos.

Incluso los belicosos vikingos del siglo X apreciaban las prendas exentas de arrugas, a menudo plisadas. Empleaban una pieza de hierro en forma de hongo invertido, que movían adelante y atrás sobre la tela húmeda. Los historiadores de la moda aseguran que la dificultad de formar los pliegues servía para establecer la distinción entre las clases altas y bajas en materia de indumentaria. Los campesinos no tenían tiempo para planchar con tanto esmero, y los pliegues eran un signo externo de que se contaba con esclavos o sirvientes.

Hacia el siglo XV, las familias europeas acomodadas utilizaban la plancha llamada “caja caliente” provista de un compartimiento para carbón o un ladrillo previamente calentado. Las familias más pobres todavía utilizaban la plancha sencilla de hierro, con mango, que se calentaba periódicamente sobre el fuego. La gran desventaja de esta plancha era que el hollín se adhería a ella y pasaba a las ropas.

Cuando se instaló la iluminación de gas en los hogares, en el siglo XIX, muchos inventores idearon planchas calentadas con esa forma de energía, pero la frecuencia de los escapes, explosiones e incendios aconsejó llevar las ropas arrugadas. El verdadero boom en el planchado llegó con la instalación de la electricidad en las casas.


LA PLANCHA ELÉCTRICA

El 6 de junio de 1882, el inventor neoyorquino Henry W. Weely obtuvo la primera patente de su país para una plancha eléctrica. Aunque su concepto de espiras resistentes al calor era imaginativo, la plancha en sí era poco práctica. Sólo se calentaba lentamente enchufada en su soporte, y se enfriaba rápidamente. En 1906, cuando Richardson decidió lanzarse a la fabricación de planchas, dio precisamente este nombre a su producto.

Las planchas eléctricas presentaban el mismo problema que los demás aparatos eléctricos de la época, con la única excepción de la bombilla. Hacia 1905 muchas centrales eléctricas no ponían en marcha sus generadores hasta la puesta del sol, y los paraban al despuntar el día. Así pues, la familia que deseaba beneficiarse de las nuevas comodidades, como la tostadora eléctrica, la cafetera eléctrica, el reloj eléctrico o la plancha eléctrica, sólo podía conectar sus aparatos durante la noche. La salida del sol acallaba el zumbido del progreso.